Sismología y Sismicidad
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    ¿Qué es un sismo?

    Puede definirse como una vibración de la tierra, producida por causas tan diversas como los acomodamientos de la
    corteza terrestre, las erupciones volcánicas, el desplome de cavernas subterráneas o minas, el choque de objetos
    pesados contra la superficie, explosiones, deslizamientos en montañas, etc. Los movimientos de tierra se denominan
    temblores, terremotos, sismos o seísmos y, desde luego, la ciencia que los estudia es la sismología. Los maremotos
    tienen su origen en los océanos y son comúnmente la causa de grandes y destructivas olas o tsunamis, nombre que
    les fue dado en el Japón. Con todo, el origen más común de los sismos que afectan a las grandes comunidades
    humanas se encuentra en la subducción de las placas tectónicas que, al atorarse entre sí, provocan una gran tensión
    elástica que sólo podrá liberarse a través de la violenta ruptura del punto de mayor fricción que generará vibraciones
    sísmicas.


    ¿Cómo se clasifican los sismos?

    Por su origen, en volcánicos, tectónicos y corticales.

    Por su magnitud e intensidad, en microsismos y macrosismos.

    Antiguamente, por la dirección del movimiento se les dividía en oscilatorios (horizontales) y trepidatorios (verticales),
    aunque esta clasificación ha caído en desuso debido a que las vibraciones sísmicas generan movimientos en todas
    direcciones, pero generalmente la componente vertical se desgasta con la distancia.

    Al tiempo comprendido entre dos terremotos se le llama tiempo de recurrencia y al lapso de calma (menos sismos y
    de baja magnitud) en un área donde han ocurrido macrosismos se le conoce como quietud sísmica. De acuerdo con
    recientes investigaciones de Max Wyss en el campo de la geología, se ha determinado que es ahí donde se
    encuentran los mayores riesgos de terremoto, ya que indican la acumulación de energía o tensión elástica. Es el
    criterio que han utilizado diversos organismos mexicanos dedicados al estudio de los sismos para determinar las
    áreas de mayor riesgo en México: La Brecha de Guerrero (cerca de 100 años de acumulación de energía elástica),
    la Brecha de Jalisco (aproximadamente 70 años)  y la Brecha de Chiapas (con más de 300 años). Por su parte y
    de acuerdo con información proporcionada por el SAS-Sistema de Alerta Sísmica, una brecha sísmica es la zona
    geográfica donde no se han producido sismos de 7 ó más grados en la escala de Richter por un largo periodo de
    tiempo (50 años o más).


    La Sismología

    Dentro de esta rama de la ciencia y la geofísica, la teoría tectónica de placas o de la deriva continental intenta
    explicar el origen de los sismos. Su autor, Alfred Wegener (meteorólogo) la propuso a principios de siglo, aunque no
    fue tomada en serio por algunas incongruencias en la lógica de la misma. Con la tecnología satelital, la sismología
    pudo avanzar enormemente, ya que pudieron calcularse con gran exactitud las distancias entre los continentes y los
    movimientos de los mismos a través de sus placas correspondientes. Recientemente, la teoría de Wegener ha sido
    rescatada. A partir de la misma se dice que, hace unos 200 millones de años, los continentes formaban uno solo,
    denominado Pangea, que por alguna razón se fracturó y sus partes se desplazaron en direcciones opuestas, a una
    velocidad entre 1 y 10 cm por año hasta llegar a su posición actual. Las placas que constituyen la corteza terrestre o
    litósfera son las de Norteamérica, Sudamérica, el Pacífico, Euroasiática, Indoaustraliana, China, Antártica, Africana,
    Arábiga, Filipina, de Cocos, de Nasca, del Caribe, Iraní y Helénica.  

    En aquellas zonas donde la litósfera tiene un espesor muy breve -en el fondo de los océanos- el magma liquido y bajo
    presión, fluye hacia la superficie a través de discontinuidades de las placas. Esto da pie a diversos fenómenos que
    incluyen la transformación de una parte de la litósfera en magma o la formación de cadenas montañosas cuando
    entran en contacto dos placas continentales que se mueven en direcciones opuestas. Cuando el movimiento de dos
    placas continentales lleva un mismo sentido, una de ellas se desliza sobre la otra (fenómeno de subducción), sin la
    creación o destrucción de la litósfera. Tal es el caso de la Falla de San Andrés en California. Pero la fricción que se
    produce entre dos placas no ocurre en forma suave sino brusca, ya que las rocas que las forman se atoran entre sí.
    Cuando éstas se destraban, rompiéndose, hay una liberación súbita de energía elástica, provocando un rápido
    deslizamiento de tierra y las ondas sísmicas resultantes. Dicha zona es la que se denomina foco, y su proyección a
    superficie, epicentro. A mayor longitud afectada, mayor energía liberada que producirá ondas sísmicas en la corteza
    terrestre capaces de recorrer grandes distancias. Actualmente existe una nueva rama de esta ciencia, llamada
    Paleosismología que estudia, precismente, los sismos prehistóricos. Aunque se trata de una disciplina muy joven, no
    por ello es menos importante. La Paleosismología se lleva a cabo estudiando los sedimentos y capas de zonas
    lacustres y caminos fluviales y trata de desentrañar el tipo de movimientos telúricos que han dejado sus huellas en la
    corteza terrestre, ayudando a entender el fenómeno sísmico entero y su influencia en nuestro entorno actual..

    Epicentro y Foco

    Existen dos franjas que abarcan la totalidad de las zonas epicentrales, que son el Cinturón Circumpacífico y el
    Cinturón Alpino.

    El primero incluye México, Estados Unidos, Canadá, Alaska, Japón, Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú, Chile,
    las islas Filipinas y Nueva Zelanda. Es en esta zona donde se libera entre 80 y 90 por ciento de la energía sísmica
    anual de la Tierra. El Cinturón Alpino comprende las islas Azores, el extemo occidental de Europa y África, el
    Mediterráneo, la península Ibérica, el norte de África, Italia, Grecia, Rumania, Yugoslavia, Irán, Irak, Turquía, India,
    China, Sumatra, Indonesia y Nueva Guinea. Aunque la energía liberada aquí es menor que en el Pacífico, a lo largo de
    los años ha producido devastadores terremotos, como el ocurrido en China en 1976, donde murieron más de 650 mil
    personas.

    El foco es el punto exacto donde se origina un sismo, debajo de la superficie terrestre y, generalmente, a unos pocos
    kilómetros de profundidad. El epicentro es la proyección del foco a nivel de tierra, es decir el punto que se encuentra
    directamente por encima del foco y sobre la superficie.

    Sismicidad en México

    Los Estados Unidos Mexicanos están ubicados dentro del Cinturón Circumpacífico y dentro del Cinturón de
    Fuego del Pacífico (que se refiere a los volcanes ubicados en el Pacífico). México es sacudido con frecuencia por
    sismos de magnitud considerable, causados generalmente por deslizamientos de la Placa de Cocos por abajo de la
    Placa de Norteamérica. Este movimiento de subducción se genera principalmente frente a las costas de los
    estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco. Un sismo de subducción se produce después
    de que una sección de una de las placas continentales se atora con otra; al romperse las rocas trabadas, se deshace
    la tensión generada y la tierra se sacude. Es como jalar un poste flexible clavado en tierra y luego soltarlo.

    La falla de San Andrés afecta los estados de Baja California y la parte norte de Sonora.

    En México, la geografía ha realizado una clasificación de todas las entidades de la república, de acuerdo a su
    proclividad a la actividad sísmica. De esta manera tenemos que según el grado de ocurrencia de estos fenómenos
    naturales, hay 3 regiones principales en México: Sísmica (alto grado de sismicidad, como los estados de Guerrero,
    Oaxaca, Chiapas, Colima, Jalisco, Distrito Federal, Estado de México, Puebla), Pensísmica (zonas donde los
    sismos son poco frecuentes, como los estados de San Luis Potosí, Guanajuato) y Asísmica (donde raramente o
    nunca ocurre un movimiento telúrico, como la península de Yucatán).

    Sin embargo, el territorio mexicano también es azotado por sismos de tipo volcánico, según  consta en los
    antiguos códices prehispánicos y en la experiencia vivida a finales de los años 80 en el estado de Chiapas, cuando
    hizo erupción el volcán Chichonal, causando movimientos telúricos muy fuertes que, incluso, provocaron el derrumbe
    de algunas viviendas.

    Los sismos son impredecibles, ya que no se cuenta con algún mecanismo que pueda detectar con precisión las
    zonas donde habrá una liberación de energía elástica, ni su magnitud. Sólo queda tener la conciencia de que
    seguirán ocurriendo y de que tenemos que estar preparados y prevenidos, en caso de que habitemos alguna zona
    sísmica. Para ello, en algunos países se han implantado los sistemas de alerta temprana. Uno de ellos se encuentra
    ya en funcionamiento para la Ciudad de México y el valle de Toluca. Se denomina Sistema de Alerta Sísmica (SAS)
    y es capaz de brindar por medio de la radio y la televisión, un aviso de entre 50 y 70 segundos previo a la llegada de
    un macrosismo de 6 grados o más en la escala de Richter, producido en la Brecha de Guerrero. Por otro lado, la
    capital de Oaxaca, que recibiría la señal radiada con 20 ó 30 segundos de antelación y es conocido ya como
    Sistema de Alerta Sísmica de Oaxaca (SASO). También existen dispositivos electrónicos que a veces son
    capaces de detectar las ondas P o primarias, que preceden a las destructivas ondas S, como Quake Alarm.

    Pero, sobre todo, debemos mantener la calma al reaccionar frente a un movimiento telúrico. Se trata de algo muy
    difícil, porque va contra la naturaleza y biología humana, pero es la razón  ha de imponerse a los instintos si queremos
    salvar el mayor número de vidas, incluida la propia. Una cultura de prevención es lo único que nos puede otorgar
    seguridades en un mundo donde la tierra firme es sólo un sueño.